domingo, 19 de febrero de 2017

01. Ser empático / Ser esponja.



Fotografía: Gabriel Isak
Abrís una canilla, el agua empieza a caer, la esponja absorbe. Absorbe, absorbe, absorbe hasta que se satura y no absorbe más. Ni bien la tocas deja caer parte de su carga, porque es blanda más allá de todo lo que pueda absorber. Algo similar sucede con la empatía y las emociones. Salvando que estás esponjas se encuentran flotando en un mar de personas, siendo fácil que absorban un poco de todo y de todos y se saturen de un momento a otro.
Una esponja no decide que líquido absorber, simplemente absorbe todo lo que está en contacto con ella: porosidad, es el nombre de esta propiedad. Una persona empática tampoco decide sobre que emociones absorber. Puede absorber líquidos transparentes y límpidos, como líquidos túrbidos y nocivos.

Los grandes amores se construyen en base a la empatía, pero también puede ser la culpable de los grandes desamores. Por ejemplo: sentir a una persona en una situación emocional vulnerable y pretender "rescatarla", subir una torre de diez pisos, matar al dragón, llegar a la puerta y darse cuenta que está cerrada del lado de adentro, y después de golpear dos o tres veces, te abren refunfuñando y te dicen: "¿Por qué me mataste el dragón? ¡Era mi mascota! ¡Ahora me voy a tener que comprar otro!"
No existen los rescates, ni los rescatistas, ni los rescatados, victimas son victimarios y viceversa en cuanto se ponen en juego emociones y la empatía opera como una bruma que moja hasta los huesos complicando un poco todo.

Fotografía: Gabriel Isak
La mayoría de las veces cuando uno de estos "guardavidas" emocionales se tira al mar por una esponja que hace señas desde el fondo, al llegar a esta, se da cuenta que no puede volver y terminan ambos llevados por la corriente. Trampas de la empatía.

Eh llegado a desarrollar la empatía al punto de escuchar anécdotas de amigos y conocidos y no solo ponerme en sus lugares sino en los lugares de los personajes involucrados en dichas anécdotas, mezclando sensaciones de felicidad con angustia, o juzgando actitudes y acciones tanto de los personajes involucrados como de mis amigos, y hasta a veces, mientras los escucho, diciéndome hacia mis adentros "como este/a animal me puede estar contando algo así con esa sonrisa".

La empatía también me lleva a tener que abandonar conversaciones de seis o siete personas en simultáneo debido a que empiezo a absorber emociones (a veces sin darme cuenta de forma consciente) y me sofoco, necesitando tomar aire, necesitando retiro.

La soledad es una de las herramientas que fui aprendiendo a utilizar para convivir con la empatía, da vértigo, eso sí, pero una vez que aprendes a disfrutarla se vuelve necesaria. Salir a caminar, a comer, irse de vacaciones, y demases, en soledad, se convierten en experiencias de autoconocimiento enormes, y un gran amigo que descubrí de la soledad es el mar (no es casualidad que ya haya utilizado dos metáforas con respecto al mismo). El mar suele ser una gran escucha, un gran purificador y un gran consejero, además de ser energía pura en su estado más salvaje desde la tierra misma.

Fotografía: Gabriel Isak
Otra herramienta que desarrollé para manejar la constante marea emocional a la que las esponjas nos vemos sometidas es mi pasión por el arte, en cualquiera de sus formas.
De muy chico solía dibujar con mucha devoción, en mi pre adolescencia aprendí a tocar la guitarra, de más grande me involucré en las artes dramáticas y de expresión corporal y la carrera que actualmente sigo está muy ligada al dibujo y la escultura. Escribí poemas, canciones, números de teatro y dibujé a personas que no existían, aprendí a traspasar las emociones de otros en formas de arte (refiriendome al concepto de arte desde la forma más humilde en la que una persona puede referirse a la manera de expresarse por esos medios). Catarsis. Transformación de energía.

Aparte de esas dos herramientas, la ironía y el humor (aunque en general solo me entretenga a mi y termine riéndome de mis propios chistes) son las murallas que supe levantar cuando me veo envuelto en situaciones emocionales en las cuales no me quiero ver involucrado. Elegir que batallas pelear. Elegir que emociones absorber. Lo demás es inocuo.

Como sea, esta esponja, que bastante seguido se ahoga en vasos de agua (algunos tan chicos como un shot de tequila), sigue día a día aprendiendo a convivir con su empatía, que mal que mal, mal que bien, la hace ver el mundo de una forma menos careta.




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