martes, 28 de febrero de 2017

02. Palabras que explotan.

Foto: Kyle Thompson
- Te amo. (silencio)

< Explosión. El protagonista saltando en cámara lenta, la onda expansiva lo tira al suelo pero sobrevive.>

Este tal vez sea el ejemplo más trillado y tradicional de bomba. (Mezclado con el ejemplo más trillado y tradicional de bomba del cine).

Imaginemos esta bomba como una conjunción de palabras, que después de ser mencionadas modifican de forma irreversible la situación. Algunas se guardan muchos años, otras se activan y explotan a las pocas semanas, solamente el fabricante es dueño del cronómetro y de él (y su coraje tal vez) depende el futuro de esta. Hay bombas que requieren de poca ingeniería como bombas cuya complejidad sobrepasa los límites de la ciencia ficción actual, y las hay de todo tipo, algunas pueden generar una alegría inmensa y otras un dolor del mismo tenor.

El fabricante de bombas valga la redundancia es el encargado de ensamblar la bomba, ordenar meticulosamente cada una de las palabras que va a seleccionar, las cuales deben estallar frente al otro en el instante adecuado, en el momento preciso, para generar el efecto deseado.

La misma bomba puede tener efectos casi antagónicos en dos personas distintas, también es necesario decir. No hay dos que reaccionen igual frente a una misma bomba.

Me gusta el ejemplo del principio aunque sea de los más trillados ya que sigue siendo de los más complejos y va variando a medida que avanza la vida del protagonista. Aunque en general la ingeniería de esta bomba responde siempre a los mismos patrones: va atada al cuerpo y en ella se juega la integridad del fabricante.

Foto: Kyle Thompson
A medida que pasa el tiempo, y uno inmoló su ego un par de veces, se vuelve más reservado en el uso de su bomba, no la ensambla tan rápido y prefiere aceitar cada mecanismo lo máximo posible (incluso teniendo certezas de que va a funcionar) ya que cada bomba tiene un costo, que muchas veces no se está dispuesto a paga.

¿Frente a esta situación como reacciona la otra persona? Digamos que desde la otra perspectiva hay dos visiones posibles: una en forma de fuegos artificiales y otra en forma de molotov.
Sobre el primer caso no hay mucho que decir, van a vivir felices para siempre o al menos hasta que los libidos vuelvan a sus lugares de origen y se den cuenta que no eran tan "tal para cual" (pero ese ya será tema de otra entrada).
Sobre el segundo caso se puede proceder de varias maneras: los más empáticos trataran de apagar el fuego de la forma más efectiva posible para que el inmolado trate de juntarse dos o tres pedazos del piso (un brazo y una pierna aunque sea, para volver a la casa), para esto van a utilizar todo tipo de mecanismos de inhibición, algunos menos originales que otros (valga la redundancia mencionar que ante una bomba tan trillada como un "te amo" también hay una serie de mecanismos de inhibición igualmente trillados, que las películas se hartaron de mostrar por lo que no me voy a extender sobre ellos). La otra forma de proceder, la menos empática tal vez, es dejar al otro prendiéndose fuego y seguir comiendo la hamburguesa.

Foto: Kyle Thompson
Me gustaría tal vez extenderme sobre los otros tipos de bombas que fui reconociendo a lo largo de mi vida, pero tal vez solo sirvan para hacer más compleja una metáfora que en mi cabeza aún no tiene tanto desarrollo, por lo que prefiero plantar bandera acá.

Cualquiera sea el lugar donde nos toque estar, portadores de la bomba, o de forma pasiva frente a esta, es necesario saber que las bombas se hicieron para explotar, que la forma de la vida está dada por los cráteres que estas dejan y que la memoria solo termina recordando explosiones.

domingo, 19 de febrero de 2017

01. Ser empático / Ser esponja.



Fotografía: Gabriel Isak
Abrís una canilla, el agua empieza a caer, la esponja absorbe. Absorbe, absorbe, absorbe hasta que se satura y no absorbe más. Ni bien la tocas deja caer parte de su carga, porque es blanda más allá de todo lo que pueda absorber. Algo similar sucede con la empatía y las emociones. Salvando que estás esponjas se encuentran flotando en un mar de personas, siendo fácil que absorban un poco de todo y de todos y se saturen de un momento a otro.
Una esponja no decide que líquido absorber, simplemente absorbe todo lo que está en contacto con ella: porosidad, es el nombre de esta propiedad. Una persona empática tampoco decide sobre que emociones absorber. Puede absorber líquidos transparentes y límpidos, como líquidos túrbidos y nocivos.

Los grandes amores se construyen en base a la empatía, pero también puede ser la culpable de los grandes desamores. Por ejemplo: sentir a una persona en una situación emocional vulnerable y pretender "rescatarla", subir una torre de diez pisos, matar al dragón, llegar a la puerta y darse cuenta que está cerrada del lado de adentro, y después de golpear dos o tres veces, te abren refunfuñando y te dicen: "¿Por qué me mataste el dragón? ¡Era mi mascota! ¡Ahora me voy a tener que comprar otro!"
No existen los rescates, ni los rescatistas, ni los rescatados, victimas son victimarios y viceversa en cuanto se ponen en juego emociones y la empatía opera como una bruma que moja hasta los huesos complicando un poco todo.

Fotografía: Gabriel Isak
La mayoría de las veces cuando uno de estos "guardavidas" emocionales se tira al mar por una esponja que hace señas desde el fondo, al llegar a esta, se da cuenta que no puede volver y terminan ambos llevados por la corriente. Trampas de la empatía.

Eh llegado a desarrollar la empatía al punto de escuchar anécdotas de amigos y conocidos y no solo ponerme en sus lugares sino en los lugares de los personajes involucrados en dichas anécdotas, mezclando sensaciones de felicidad con angustia, o juzgando actitudes y acciones tanto de los personajes involucrados como de mis amigos, y hasta a veces, mientras los escucho, diciéndome hacia mis adentros "como este/a animal me puede estar contando algo así con esa sonrisa".

La empatía también me lleva a tener que abandonar conversaciones de seis o siete personas en simultáneo debido a que empiezo a absorber emociones (a veces sin darme cuenta de forma consciente) y me sofoco, necesitando tomar aire, necesitando retiro.

La soledad es una de las herramientas que fui aprendiendo a utilizar para convivir con la empatía, da vértigo, eso sí, pero una vez que aprendes a disfrutarla se vuelve necesaria. Salir a caminar, a comer, irse de vacaciones, y demases, en soledad, se convierten en experiencias de autoconocimiento enormes, y un gran amigo que descubrí de la soledad es el mar (no es casualidad que ya haya utilizado dos metáforas con respecto al mismo). El mar suele ser una gran escucha, un gran purificador y un gran consejero, además de ser energía pura en su estado más salvaje desde la tierra misma.

Fotografía: Gabriel Isak
Otra herramienta que desarrollé para manejar la constante marea emocional a la que las esponjas nos vemos sometidas es mi pasión por el arte, en cualquiera de sus formas.
De muy chico solía dibujar con mucha devoción, en mi pre adolescencia aprendí a tocar la guitarra, de más grande me involucré en las artes dramáticas y de expresión corporal y la carrera que actualmente sigo está muy ligada al dibujo y la escultura. Escribí poemas, canciones, números de teatro y dibujé a personas que no existían, aprendí a traspasar las emociones de otros en formas de arte (refiriendome al concepto de arte desde la forma más humilde en la que una persona puede referirse a la manera de expresarse por esos medios). Catarsis. Transformación de energía.

Aparte de esas dos herramientas, la ironía y el humor (aunque en general solo me entretenga a mi y termine riéndome de mis propios chistes) son las murallas que supe levantar cuando me veo envuelto en situaciones emocionales en las cuales no me quiero ver involucrado. Elegir que batallas pelear. Elegir que emociones absorber. Lo demás es inocuo.

Como sea, esta esponja, que bastante seguido se ahoga en vasos de agua (algunos tan chicos como un shot de tequila), sigue día a día aprendiendo a convivir con su empatía, que mal que mal, mal que bien, la hace ver el mundo de una forma menos careta.